La Historia de Laika, El Primer Perro en ir al Espacio

Para todo dueño de mascota, su peludo será una sensación más imponente que una estrella de rock, un ángel o un super animalito. Claro está, todos tenemos esa tendencia a ser como niños con ellos y dejarnos asombrar por absolutamente todo lo que hacen, incluso lo no tan bueno o que es habitual en su comportamiento. Así que, para dejarte aún más asombrado, decidimos ser quienes te cuenten la increíble historia de Laika la primera perrita en viajar al espacio.


Su aventura tuvo cabida el 3 de noviembre de 1957 a bordo de la nave soviética Sputnik 2, un satélite artificial lanzado con varios objetivos. El primero era celebrar con su lanzamiento el cuadragésimo aniversario de la revolución bolchevique. Otro adicional, medir los niveles de radiación solar y los rayos cósmicos. Pero la misión principal de este proyecto fue estudiar los efectos que podrían causar los vuelos espaciales en seres vivos. Ya que, para la fecha, aún era incierta la posibilidad de que un humano pudiera sobrevivir las condiciones espaciales e incluso, llegar más allá del lanzamiento.


Podría decirse que, la misión de Laika fue un “ensayo clínico” para que los viajes espaciales humanos pudieran ser una realidad.


(Foto de: mundo.sputniknews.com)


El nombre “original” de esta perrita es incierto. Como toda buena callejerita, cada humano que se relacionaba con ella optaba por llamarla de forma diferente.


Algunos de los nombres que se le dieron antes de su misión y durante su tiempo de trabajo con la Unión Soviética como futura tripulante, fueron Laika (Ladradora), Zhuchka (Bichito), Kudryavka (Rizadita) y Limonchik (Limoncito). La prensa americana, por su parte, prefirió apodarla de forma popular como Curly (Rizada). Su raza parecía derivar del husky con parte terrier y alguna raza nórdica. Y fue encontrada en las calles de Moscú a sus aproximadamente 3 años de edad y pesando 5 kilogramos.


Los científicos de la época decidieron buscar únicamente perros callejeros para estas misiones, ya que se creía que su sistema inmune se había adaptado a soportar situaciones de frío y hambre que un perrito de casa nunca había experimentado.


Vladimir Yazdovsky y Oleg Gazenko fueron los humanos que más tiempo pasaron entorno a Laika, ya que eran los científicos encargados de preparar a los perritos concursantes para esta misión. Junto a ella, fueron entrenados otros dos canes. Albina, considerada la reserva o suplente de Laika, y Mushka, que se quedaría en tierra probando instrumentación y equipo de soporte vital.


(Foto de: blog.mienciclo.com)


Entre las pruebas que les fueron impartidas a las tres peludas incluyeron confinamiento por tiempo prolongado en espacios de tamaño cada vez más reducidos. Cosa que generaba un estrés tal en ellas que, dejaban de hacer sus necesidades y mostraban inquietud y ansiedad visibles.


Luego de optar por un plan de adiestramiento paulatino, las pequeñas fueron preparadas como todo un astronauta: pasaron por el simulador de aceleración de lanzamiento, simulador del ruido de la nave y adaptación al alimento espacial en gel de alta nutrición que sería su alimento a lo largo del viaje.


Aquel noviembre, Laika realizó su viaje de solo ida en una cabina equipada con tecnología de última generación para la fecha, con generadores de oxígeno, ventiladores, comida para 7 días e instrumentos para monitorear sus funciones vitales.


Los científicos sabían las escasas posibilidades que existían de su retorno, por tanto, buscaron que sus últimos momentos en tierra fueran gratificantes. Esto se denota en los apodos que recibió durante su estadía en el cosmódromo.


(Foto de: destinoinfinito.com)


Pero, además, los científicos que la acompañaron aparte de describirla siempre como una perrita encantadora, le desearon buen viaje como un dueño a su perrito antes de llevarlo al doctor, besando su hocico y acariciando su cabeza. Adicionalmente, el Dr. Yazdovsky la llevó a su casa para jugar con sus hijos y pasar un buen rato antes de partir.


Su sacrificio fue en nombre de la ciencia abriendo un enorme paso para el hombre en el espacio. La fecha y motivo de su muerte, también quedó incierta debido a las declaraciones emitidas por el gobierno.Sin embargo, al reconocer el valor de su misión, las autoridades rusas decidieron hacer un monumento en su honor en 2008, cerca del centro de investigación militar encargado de su misión. En él, se aprecia la figura de un perro colocado encima de un cohete.


Su historia siempre representará gran controversia entre dueños de mascotas y científicos. Por eso en Tilin, decidimos difundir su historia como una heroína que cambió para siempre el rumbo de la ciencia, la humanidad y la manera en que muchos científicos se relacionan con mascotas.